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13 febrero 2013

Miércoles de Ceniza

Hoy comienza la Cuaresma.

¿Sería genial que la Cuaresma fuera el compromiso de al menos 40 días al año comprometerse a hacer algo contra la injusticia?¿Liberar oprimidos?  


De la página web de Redes Cristianas
(Evangelio según San Juan 4.Jesús les dijo:
“Mi comida es que haga la voluntad del que me envió”)

Quiero ayunar, Señor, cual ayunaste .
Ayunar de violencia dando paz.
Hacer ayuno de la indiferencia,
amando a aquellos que no me amarán
Quiero ayunar, Señor, cual ayunaste.
Ayunar de los ritos sin calor.
Ayunar del hablar sin compromiso.
Hacer del pan un bien de partición.
Quiero ayunar, Señor, cual ayunaste
de aceptar la injusticia y el dolor,
el mundo como está y los poderosos.
Proclamar el Reino nuevo del amor.
Quiero ayunar, Señor, cual ayunaste
de dividir los seres por su piel,
su religión, su género o fortuna.
En cada humano quiero hermanos ver.
Quiero ayunar, Señor, cual ayunaste
de callar la buena nueva del amor
y de sumarte a la antivida silenciosa.
Quiero dar voz a los que no tienen voz.
Quiero ayunar, en fin, como el muchacho
que te entregó el zurrón con pez y pan.
Sé que en Tus manos este pobre ayuno
se volverá pan vivo de la eternidad.  (Domingo Ferrari)

Los ciudadanos de los países ricos, especialmente si son cristianos, tienen la obligación moral de tomar en consideración esta interdependencia que subsiste entre su forma de comportarse y la miseria y el subdesarrollo de tantos miles de hombres (Sollicitudo Rei Socialis, 9). Con palabras parecidas a las de Juan Pablo II en 1987 nos dice hoy una anónima campesina guatemalteca: «No necesitamos que ustedes vengan acá a hacer proyectos; serían muy útiles si arreglasen aquellos asuntos de su casa que nos perjudican» (citado por Juan Clemente en Revista Soberanía Alimentaria, nº10, p.48).
He aquí la motivación e hilo conductor de la próxima campaña “Cuaresma, cuarenta días con los últimos”, promovida por los religiosos marianistas. En los últimos años esta campaña nos ha ayudado a conocer y conmovernos ante las situaciones que viven los países que están a la cola en el Índice de Desarrollo Humano (IDH), según los informes del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
Este año nuestro recorrido será diferente. Volveremos la mirada a nuestra propia vida, la de los habitantes de los países ricos (a pesar del actual contexto de crisis, nuestro país, como tal, es rico en comparación con los cuarenta últimos), nuestra forma de comportarnos y las consecuencias que eso tiene para los últimos. Y esto a lo largo de cinco bloques temáticos, que comenzarán cada domingo con una visión global y se desarrollarán a lo largo de la semana abordando aspectos más concretos:
1. Comenzaremos por lo más básico: la comida, la relación que subsiste entre nuestra forma de alimentarnos y la desnutrición y las carencias de otras personas, junto con las consecuencias que la producción industrial de alimentos tiene para el Medio Ambiente y para la propia salud de los consumidores.
2. Seguidamente repararemos en nuestra forma de utilizar los recursos, haciendo hincapié en el transporte –de nosotros mismos y de los bienes que consumimos–, que también está contribuyendo a un calentamiento global cuyas consecuencias sufren los más pobres.
3. Inevitablemente habremos de considerar las repercusiones de nuestra forma de consumir y de usar el dinero. Qué compramos, a quién compramos, de dónde procede lo que compramos. Y también qué entidades manejan nuestro dinero y qué hacen con él.
4. Para llegar a cuestiones más estructurales. Nuestra forma de organizarnos y ser gobernados tiene, sin duda, mucha relación con los problemas de los últimos. Y también en esto tenemos nuestra parte de responsabilidad.
5. Finalmente, hemos de caer en la cuenta de la interrelación que hay entre nuestro comportamiento y nuestra forma de pensar. Porque, si bien a veces obramos de forma inconsciente, siempre subyace en cada uno una determinada mentalidad, cultura o ideología.
Así como otros años nos hemos acercado a la situación de los últimos mediante testimonios reales, esta cuaresma lo haremos, sobre todo, mediante narraciones literarias. El mismo Jesús, para transmitir a sus oyentes la buena noticia del Reino, se valía de relatos y parábolas. El lenguaje de los cuentos tiene desde siempre un alcance universal y, este año, nos ayudará a presentar de forma menos cruda situaciones dramáticas en las que nos reconocemos indirectamente implicados.
Junto al relato de ficción se presenta cada día un breve apunte sobre el tema considerado y algunas sugerencias que ayudan a responder a la pregunta ¿Qué podemos hacer (o dejar de hacer)? Pues con frecuencia nos daremos cuenta de que de lo que se trata no es tanto hacer esto o aquello sino empezar por dejar de comportarnos de la manera como lo hacemos. Para concluir, como todos los años, con una breve cita bíblica y oración que nos ayudarán a poner nuestra conversión en manos de Dios, más allá de nuestro necesario esfuerzo humano.
Los relatos están bien. Pero no podemos vivir solo de ellos. Por eso, un día a la semana –los sábados–, dejaremos los cuentos para descubrir historias reales de gente real. Conoceremos así testimonios reales de personas que, en España, están incorporando en sus vidas formas de comportarse solidarias, sostenibles, saludables y espirituales. ¡Será muy estimulante!
Esta campaña de cuaresma será más interpelante que las anteriores, pues girará en torno a nuestra propia vida. ¡Pero nuestro corazón y nuestra preocupación siguen puestos en los últimos! Si volvemos la mirada hacia nosotros mismos y nuestro estilo de vida es precisamente como consecuencia de nuestra empatía y preocupación hacia los últimos y de las preguntas que nos hacemos por las causas de su situación.
La campaña puede consultarse en la dirección www.40ultimos.org, donde están disponibles todos los documentos en formato PDF, y seguir por correo electrónico, Twitter y Facebook.
Que esta interpelación nos anime en nuestro camino de conversión cuaresmal, sabedores de que, sea cual sea la transformación de nuestro comportamiento al final de este recorrido, siempre habrá sido bueno para cada uno de nosotros el ayudarnos a ser más conscientes, a tomar en consideración esta interdependencia que subsiste entre nuestra forma de comportarnos y la miseria y el subdesarrollo de tantos seres humanos. (José Eizaguirre).

01 febrero 2013

Historia de las rscj. Nuestras santas

El origen de nuestra congregación está marcado por dos mujeres con visión y valentía, mujeres que vivieron en respuesta al Espíritu, atentas a las necesidades de su época y abiertas a los desafíos del futuro.

Santa Magdalena Sofía Barat nació en 1779 en Joigny, Francia. Ya desde muy joven sintió la llamada a seguir a Jesús en la vida religiosa. El 21 de Noviembre de 1800, a los veinte años, hizo sus primeros votos en París con otras compañeras, naciendo así la Sociedad del Sagrado Corazón. En su corazón se unía el atractivo por la vida de oración y el deseo de ayudar a la sociedad de su tiempo. Durante toda su vida buscó hacer la voluntad de Dios que la llevó a fundar innumerables casas en distintos países, y a superar todo tipo de dificultades y contradicciones, a pesar de su frágil salud. Enraizada en Jesús superó todas las tribulaciones con humildad y confianza por el deseo íntimo de descubrir y manifestar a los demás el amor del Corazón de Jesús, que con tanta fuerza ella experimentaba. Murió a los 85 años dejando a 3539 religiosas repartidas en 99 comunidades de Europa, América y África.

Santa Rosa Filipina Duchesne, nacida en Grenoble, Francia, en 1769, sintió desde muy joven la llamada a manifestar el amor del Corazón de Jesús en tierras lejanas. Tras largos años de espera pudo hacer realidad su deseo al marchar a América y fundar allí la primera comunidad del Sagrado Corazón en el Continente Americano. Las dificultades de aquellos tiempos (hambre, frío, miseria, epidemias) no fueron obstáculo para vivir con alegría y generosidad todas sus tareas. Otras mujeres se sintieron atraídas por su testimonio y la Congregación pudo así atender a nuevas necesidades. Rosa Filipina permaneció en América 33 años, hasta su muerte. Allí se entregó con vigor a la misión y poco antes de morir pudo ver realizado su sueño de vivir con los indios potowatomíes. Aunque demasiado mayor para esa tarea, los indígenas la recordarían como "la mujer que siempre reza". Hoy, laicos y religiosas del Sagrado-Corazón viven a través del mundo entero la espiritualidad y misión de la Sociedad del Sagrado-Corazón, plenamente contemplativa y plenamente apostólica.