Páginas

15 noviembre 2012

Adviento, Video


Adviento, El símbolo del CORAZÓN


EL SÍMBOLO DEL CORAZÓN
A veces se siente la necesidad de reflexionar y meditar sobre el misterio de las personas, de las comunidades, de Dios. Se quisiera llegar al corazón de las cosas.
Vivimos inmersos en una multiplicidad de realidades, imágenes, ofertas, caminos, ideas diferentes…Cuando el hombre religioso trata de reunir y estructurar su búsqueda y orientarla hacia la realidad última de Dios, recurre a arquetipos,  palabras que brotan de lo más hondo de la propia existencia, que evocan el centro y la unidad última  de toda la realidad.
Corazón es una de esas palabras en las que todo lo múltiple se vuelve uno.
Hace referencia a la totalidad de la persona, a su centro original e íntimo, allí donde se configuran sus comportamientos; expresa lo que hay en ella de más profundo, más interior, más total, lo que sintetiza a la vez lo afectivo, lo intelectual y lo volunta­rio; es el yo en su fuente más unificada con todo lo que posee de inteligencia, de libertad y también de ternura.
Una persona con corazón no es la dominada por el sentimentalismo, sino la que ha alcanzado una unidad y coherencia, un equilibrio de madurez que le permite ser objetiva y cordial, lúcida y apasionada, intuitiva y racional, nunca fría sino siempre acogedora; nunca ciega, sino realista. Tener corazón equivale a ser una personalidad integrada.
- El corazón es el símbolo de la profundidad y de la hondura. Sólo quien ha llegado a una armonía consciente con el fondo de su ser consigue alcanzar la unidad y la madurez personales. Es el lugar escondido en el que Jesús invita a entrar para orar al Padre
 “Me esconderá en lo escondido de su tienda”, afirma un orante para expresar su seguridad (Salmo 27,5), y el Señor hablaba con Moisés en la tienda del encuentro “como un amigo habla con su amigo”  (Ex 33,11). En una escena anterior le había ordenado esconderse en una hendidura de la roca para que no pudiera verle al pasar junto a él (Ex 33,22); quizá por eso elige Elías una cueva para esperar al Señor en el Horeb (1Re 19,9) y el autor del Salmo 84 compara al  templo con la casa que encuentra un gorrión o el nido donde la golondrina coloca a sus polluelos (Cf. Sal 84 4)
- Es la sede de los deseos ocultos, no expresados: 
Le has cumplido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que sus labios pidieron” (Sal 21,3)
- Es el lugar de la escucha y el discernimiento:  cuando Salomón pide a Yahvé “un corazón que escuche” (1Re 3,9), está pidiendo que el mundo no sea mudo para él sino que le resulte inteligible. Es el  órgano de la voluntad, los planes, decisiones y las intenciones: a los colaboradores en la construcción de la tienda de reunión se los califica como gente “cuyo corazón se inclinaba a ello”, aludiendo a su disponibilidad; cuando David afirma:  “Tu siervo ha encontrado su corazón para orar en tu presencia” (2Sm 7,27) es como si dijera: “me he atrevido a...” y Qohélet recomienda:  “Marcha por el camino de tu corazón” (Qo 11,9). En él se guarda fielmente el tesoro del recuerdo: “Las palabras que hoy te ordeno, deben estar sobre tu corazón” (Dt 6,6), “átalas a tus dedos,  escríbelas en la tabla de tu corazón” (Pr 7,3).
Abrir el corazón es comunicar todo el saber:  “¿Cómo puedes decir que me amas si tu corazón no está conmigo? Ya te has burlado de mí tres veces y no me has dicho por qué tu fuerza es tan grande” (Jue 16,15). Sansón dice querer a Dalila pero su corazón no está con ella, es decir  no la hace partícipe de sus secretos.
- Con el corazón se conoce y por eso la máxima promesa que Israel recibió del Señor fue ésta: “Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo” (Ez 36,26)
Por eso el sabio recomienda:
Hijo mío, por encima de todo cuida tu corazón
porque en él están las fuentes de la vida” (Pr 4,23).
- Para los Profetas es el lugar del conocimiento del Señor que se adquiere por proximidad afectiva y efectiva con él y consiste en una relación de "afinidad" y de íntima familiaridad:
"Quiero misericordia y no sacrificios,
conocimiento del Señor más que holocaustos."(Os 6,6)
"Meteré mi ley en su pecho
la escribiré en su corazón
(...) y todos, grandes y pequeños
me conocerán, oráculo del Señor"(Jer 31,31.34)
- Es el lugar de la integridad o unidad de la persona pone en relación lo interior con lo exterior. A ese trabajo de unificación profunda es a lo que se refiere Lucas cuando dice que “María guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón” (Lc 2,19). El participio griego symballousa expresa el trabajo de la fe para reunir los datos de la realidad con la promesa recibida, para que la Palabra acogida y guardada en el corazón proyecte su luz sobre la opacidad de los acontecimientos.
- Es el órgano de la búsqueda de Dios y del recuerdo de sus acciones en favor de Israel:
"Desde allí buscarás al Señor, tu Dios, y lo encontrarás si lo buscas de todo corazón y con toda el alma" (Dt 4,29)
"Meteos estas palabras en el corazón y en el alma, atadlas a vuestra muñeca como un signo, ponedlas de señal en vuestra frente..."(Dt 11,18)
- Expresa la interioridad  La vida y la relación humanas conocen un ritmo alterno de interioridad y manifestación, de secreto y desvelamiento, de silencio y comunicación. Hay un símbolo bíblico, tomado de la naturaleza,"la hendidura de la roca" que evoca dos ideas muy emparentadas con las anteriores: la de algo interno, escondido, profundo y, a la vez, la de apertura, acceso, abrigo, protección.
JESÚS: el hombre del gran corazón.
El hombre para los demás, que tiene corazón, un corazón no de piedra, sino de carne. Su vida un signo del buen amar, del saber amar.
Jesús, en su Corazón, es la profundidad misma del hombre y de Dios. En él está la fuente del Espíritu que brota como agua fecunda hasta la vida eterna.

Adviento, Reflexiones

ADVIENTO- NAVIDAD 2012
RED DE COLEGIOS SAGRADO CORAZÓN
REFLEXIONES Y ORIENTACIONES PARA EL PROFESORADO
Significado
Adviento es un tiempo cuyo nombre (adventus) significa “venida”. Al revivir la espera gozosa del Mesías en su Encarnación, preparamos el Regreso del Señor al fin de los tiempos: Vino, Viene, Volverá.
Adviento, un tiempo para vivir y celebrar, bajo el signo de “encuentro” entre un Dios que viene al encuentro del hombre, y el hombre en busca de Dios.
Los hombres desean la paz, aspiran a la justicia y la libertad, sueñan felicidad. Desde siempre. De generación en generación, de año en año, a través de los siglos, se prolongan estos anhelos frecuentemente decepcionados. En estos llamados y búsquedas de los hombres se expresan las promesas de Dios. La historia de Israel, el pueblo de Dios, es el signo de estas promesas y revelan su realización, conduce a Cristo Jesús y nos lo da.
Con los deseos y los anhelos de los hombres, la Iglesia, hoy, hace su oración. Nos asegura que Dios cumple sus promesas. En pos del profeta Isaías, con las palabras vigorosas de Juan Bautista, no dice, como la Virgen María que hay que acoger a Cristo.

Adviento: re-encontrar, en el fondo de sí mismo, todo lo que puede ser salvado; volverse hacia Cristo, que vendrá un día en su gloria, pero que ya está y nos espera. Volverse hacia Cristo es lo que llamamos “Convertirse”. Adviento es tiempo de conversión. Y tiempo de espera. También es tiempo de alegría y gozo por la llagada de Jesús.
Los cuatro domingos de Adviento
El primer domingo nos orienta hacia la Venida del Señor al final de la historia y el mensaje es el de la vigilancia;
• El segundo domingo está centrado en la figura de Juan Bautista y el mensaje es el de la paciencia y de la preparación activa para la Venida del Señor;
• El tercer domingo, también centrado en el Bautista, nos orienta con más fuerza hacia la persona de Aquél que viene; el mensaje es el de la alegría por la venida muy cercana;
• El cuarto domingo contempla el misterio de la Encarnación de Dios en María; el mensaje: una preparación profunda del misterio de la Navidad.
Adviento no es, pues, una simple preparación de Navidad. Celebra a la vez el nacimiento de Jesús, la última Venida del Señor que dará todo su sentido a nuestra historia; pero también celebra al Señor que viene cada día a nosotros con una presencia muy real, pero que nos da la sed de Él, más fuerte y palpable.

La corona de Adviento
Los orígenes de la corona de Adviento se remontan a costumbres pre-cristianas de algunos pueblos germánicos que confeccionaban coronas con ramas verdes y encendían fuego en medio de un diciembre oscuro y frío, como una forma de avivar entre ellos la esperanza, con vistas a la llegada de la primavera.
El mensaje cristiano le dio un nuevo sentido a esta costumbre en la espera de Navidad: el nacimiento de Jesús alumbra la existencia humana y le da sentido a nuestra vida. Es la misma Luz que nos muestra el camino de la Resurrección: en Cristo toda oscuridad ha sido vencida.
La corona de Adviento es una forma visible de vivir y celebrar nuestra espera del Hijo de Dios, en templos y capillas de parroquias y comunidades, también en nuestros hogares. Se construye con ramas verdes y en ella se insertan cuatro velas (para unirse al tiempo litúrgico, se sugiere que tres sean moradas y una rosada) que se van encendiendo, una a una, a partir del primer domingo de Adviento. La proclamación del Evangelio es un momento propicio para encender cada vela en la iglesia, lo que se puede replicar en casa junto a una oración o canto en el almuerzo o cena familiar del respectivo domingo. La vela rosada se reserva para el tercer domingo y representa el gozo que nos anticipa la venida del Salvador.

Nos preparamos para la Venida
Mientras las grandes tiendas hacen cuentas alegres para la nueva temporada navideña y decoran sus puertas, sus vitrinas y hasta el cielo con Viejitos Pascueros, nieve de algodón, trineos y pinos decorados...; mientras diseñan las mejores estrategias para atraer a los compradores y ganar la competencia con otros negocios...; mientras a las ventanas de las casas se van asomando arbolitos y guirnaldas, luces parpadeantes y saludos plásticos en inglés...; la Iglesia invita a los cristianos a preparar el corazón para que la Navidad sea la fiesta de Dios-con-nosotros. Invita a vivir el tiempo de Adviento.
Los cristianos nos preparamos a la nueva Navidad, que ya se acerca, con un ánimo distinto del que impone la cultura circundante, buscando y construyendo con perseverancia las actitudes interiores y comunitarias que mejor acojan a Dios en el pesebre- corazón de cada ser humano, de cada familia, de los habitantes de los campos y de las ciudades.
Dios viene, Dios llega, Dios instala “su tienda” en medio nuestro. Ese es el misterio central de la Navidad. Cuando los cristianos de los primeros tiempos hubieron celebrado muchas veces la Resurrección de Cristo, misterio que era el cimiento de su fe, y se fueron difundiendo por el mundo cristiano los Evangelios y el resto del Nuevo Testamento, quisieron enriquecer esa celebración con otros aspectos de la vida, del mensaje y de los acontecimientos de Jesús. Se fue formando así la fiesta del nacimiento, de la visita de los magos de oriente y del baustismo de Jesús, de sus “manifestaciones”.
En este tiempo de alegría y esperanza, mientras las calles y las casas gastan mucho tiempo y dinero en preparar las fiestas navideñas, preparemos todos nuestro corazón y el de nuestros alumnos para hacerlos pesebre que acoja a Dios que nace.
Las figuras del Adviento
María, los profetas y Juan Bautista son las figuras por excelencia del Adviento. Ellos preparan la venida de Jesús. Juan y los profetas con su Palabra, María encinta en su vientre. Los profetas con la mirada puesta en un futuro de alegría y abundancia para todos, especialmente para los pobres, los que nada tienen y nada son ante los ojos humanos. Juan con una vida radicalmente entregada a Dios y una boca de fuego que no temió la muerte con tal de denunciar lo que se opone a su designio. María cuidando esa vida totalmente dependiente e indefensa que crece y se mueve por un milagro nunca visto, dentro de su propio cuerpo. María encinta, protegiendo y nutriendo con ternura esa vida que se forma en su interior, es también una llamada de atención ante la falta de respeto por la vida, especialmente la vida del inocente, que demasiado a menudo hay a nuestro alrededor. Su cuidado habla de la dignidad fundamental de todo ser humano, desde su concepción hasta su muerte (y de su cuerpo, aún después de su muerte...), habla del respeto hacia los desvalidos, de la protección de los indefensos, del cuidado de los ancianos, de la condición de hijo e hija de Dios de cada ser humano.

La Navidad: fiesta de la solidaridad
Navidad no es la fiesta de los regalos y las compras, de banquetes y grandes gastos, sino la fiesta de los pobres y los sencillos.
La primera Navidad fue la Navidad de unos pobres, María y José, que no hallaron lugar en la posada del pueblo de Belén y tuvieron que ocupar un lugar deshabitado para que naciera el Niño (Lucas 2,7).
Navidad es la fiesta de los pobres, de los pastores que guardaban el rebaño de noche a quienes se anunció en primer lugar la gran noticia de que había nacido el Salvador en Belén (Lucas 2,8-20).
Navidad es la fiesta de un Dios que se hace niño, pobre, que entra en nuestro mundo sin poder ni riqueza, débil, frágil, pequeño, para que nadie se asuste de él.
Por esto cada año recordamos que ha de ser la fiesta de la solidaridad, del amor a los pequeños, del compartir, de comenzar a vivir la vida con ojos de niño, de confiar en Dios que no olvida a su pueblo. Navidad exige una respuesta de parte de cada uno de nosotros.
Si siempre es verdad que Jesús está en los pobres (Mateo 25,31-45), esto debe manifestarse mucho más en Navidad. Entonces Navidad será la fiesta del amor y de la alegría verdadera. Entonces se comprenderá lo que dice el siguiente pasaje:
"El pueblo que caminaba en tinieblas vio la luz.
Sobre los que vivían entre sombras
Brilló una gran luz.
Porque un niño nos ha nacido,
Un hijo se nos ha dado" (Isaías 9, 1ss)

14 noviembre 2012

Sª Rosa Filipina, Reflexiones


La Sociedad del Sagrado Corazón cuenta con grandes mujeres. Nos disponemos a celebrar un año más la vida de una de ellas, Santa Rosa Filipina. De su importancia
para la Sociedad y su valor como persona sin duda hemos oído hablar. Por eso se trata ahora mas bien de, a la luz de los momentos importantes de su vida, pararnos un
momento para encontrar qué vibra dentro de nosotros, cómo podernos contagiarnos y contagiar la pasión por perseguir mi sueño de esta gran mujer. Hoy parece casi de ingenuos hablar de sueños y desear algo más complicado de lo normal, con lo complicado que de por si parece estar ya todo.....
Volver a pararnos a pensar en Rosa Filipina puede refrescar nuestros planteamientos sobre la labor educadora:
¿Para qué educamos?
Para ser ciudadanos del mundo
Para superar fronteras de todo tipo
Para que los corazones de las personas se encuentren, más allá de apariencias, culturas, generaciones, prejuicios,...
Para mejorar el mundo....

¿Cómo se puede educar sin la pasión de Filipina de perseguir imposibles? ¿Cómo se alimenta esa pasión? En su vida encontramos pistas importantes:
Se movía desde un profundo sentimiento que fue cuidando a lo largo de su vida.
Se rodeó de personas que eran apoyo para ella, que compartían sus sueños, que le transmitían aliento y no desánimo (comunidad)
Se armó de paciencia, contra viento y marea
Supo ver a Dios más allá de lo que a ella le resultara conveniente o inconveniente, aceptar lo que cada momento requería, incluso valorarlo
Se alimentó del deseo de contagiar lo bueno que ella había descubierto

Este curso queremos pararnos especialmente a pensar en el valor que tiene saber valorar y agradecer las cosas; Filipina tuvo que esperar muchísimo tiempo para que su
deseo se cumpliera, y podría no haber sucedido.
¿Cómo viviría ella con esa larga espera, esa dedicación a otras tareas a las que a lo mejor no se sentía tan llamada?
¿Cómo vivir la gratitud en esos momentos?
¿Cómo vivimos nosotros situaciones parecidas a estas?
¿Cómo nos ayudan las personas que nos rodean y cómo les ayudamos nosotros a ellas en nuestra tarea, que a veces puede resultarnos difícil, incomprensible,
desagradecida....?
¿Somos comunidad en este sentido?

Seguro que sabernos lo importante que es valorar, agradecer y cuidar esta oportunidad (que se confíe en nosotros para formar parte de un proyecto entusiasmante aunque difícil, rodeado de gente valiosísima, con alumnos que son corno diamantes en bruto,. ., pero ¿somos conscientes de qué es lo que nos hace flaquear, y sobre todo, cómo combatirlo?
¿Cuáles son nuestros apoyos?
¿Cómo vamos renovando nuestras fuerzas?

Mucho animo a todos en esta tarea difícil pero llena de sentido, que no caigamos que nos arropemos, que nos hagamos fuertes juntos. Estamos en un proyecto precioso
!Valoremos y agradezcamos!

Sª Rosa Filipina, Biografía

Biografía
Nace el 29 de agosto de 1769 en Grenoble, Francia. Fue bautizada en la iglesia de San Luis y recibe su nombre de San Felipe apóstol y de Santa Rosa de Lima. Educada en el Convento de la Visitación de Ste. Marie-d'en-Haut y atraída por la vida contemplativa, entró en ese monasterio a los 18 años.
Durante la Revolución Francesa las Visitandinas son expulsadas de Francia en 1791, siendo obligadas a dispersarse y a cerrar el convento, motivo por el cual Filipina regresa a vivir con su familia. En este tiempo Duchesne se dedica a cuidar a los presos y a todos los que sufrían. Después del Concordato de 1801 intenta reconstruir el monasterio de Ste. Marie junto con sus compañeras, pero fracasan. En 1.804 Filipina escucha hablar sobre una nueva congregación, la Sociedad del Sagrado Corazón, fundada por Magdalena Sofía Barat; conoce al Padre Varin y ofrece su casa y su comunidad a la Madre Barat, pidiendo ser admitida en ella. Magdalena Sofía visita Ste. Marie en 1804 y recibe a Filipina y sus compañeras como novicias en la Sociedad. El 21 de noviembre de 1805 la Madre Duchesne y sus compañeras hacen su profesión, cuando ella tenía la edad de 26 años.

Religiosa del Sagrado Corazón
Desde 1805, Filipina sintió la llamada misionera. En una carta a Santa Magdalena Sofía, describe la gracia que recibió durante una noche de oración ante el Santísimo Sacramento, el Jueves Santo ,del 3 al 4 de abril de 1806. Esta notable carta manifiesta su capacidad para dar a su oración una dimensión universal que no era habitual en la espiritualidad del siglo XIX.
"Toda la noche he estado en el nuevo continente; pero he viajado en buena compañía. Primero había recogido con reverencia en el huerto, en el pretorio, en el calvario, toda la sangre de Jesús, me había apoderado de Él en el Santisimo Sacramento, lo estrechaba con fuerza y llevaba por todas partes mi tesoro para derramarlo sin temor de agotarlo. San Francisco Javier trataba también de hacer fructificar esta preciosa semilla y estaba a los pies del trono de Dios para pedir que se abriesen nuevas tierras para iluminarlas. San Francisco guiaba a las viajeras y muchos otros santos, llenos de celo por la gloria de Dios; en fin todo iba lo mejor posible; no tuvo cabida en mi corazón tristeza alguna, incluso santa, porque me parecía que se iba a hacer una aplicación nueva de los méritos de Jesús".
La vida contemplativa alimentó en Filipina el deseo de ir a las misiones, a pesar de los sacrificios que tenia que hacer: una madre, hermanas, parientes, su montaña. Sin embargo, tuvo que esperar otros 12 años para ver su sueño hecho realidad.

Su vida en Luisiana
En 1818 el Obispo del territorio de Luisiana buscaba una congregación de religiosas que le ayudara a evangelizar a los niños franceses e indios de su diócesis, motivo por el cual Filipina sale con cuatro compañeras hacia los Estados Unidos, en respuesta a la llamada de Mons. Dubourg. Allí funda la primera casa de la Sociedad en el Nuevo Mundo en una cabaña de madera en Saint Charles, cerca de Saint Louis, Mississippi.
A pesar que nunca llegó a aprender bien el inglés, en 1820, abrió la primera escuela gratuita al oeste del Misisipi y en 1828, ya había fundado seis casas. Estas escuelas eran para las jóvenes de Missouri y Louisiana a quienes amó y trabajó para ellas, manteniendo siempre en el fondo de su corazón el anhelo de ir a los Indios americanos. En 1840, dimitió como superiora para poderse dedicar a los indios, abriendo una escuela en Sugar Creek, Kansas. Aunque muchos pensaban que Filipina estaba demasiado enferma para ir, pero el jesuita que dirigía la misión insistió: 'Tiene que venir, quizás no podrá hacer mucho trabajo, pero con su oración alcanzará el éxito de la misión y su presencia atraerá muchos favores del cielo para la obra". Estuvo sólo in año entre los Potowatomies, pero su valor pionero no flaqueó y sus largas horas de contemplación inspiraron a que los indios la llamaran "La mujer que siempre reza “
Su salud empeoró y le obligó a abandonar esta obra tan amada. Falleció en Saint Charles, a la edad de 83 años, el 18 de noviembre de 1852, habiendo dedicado treinta y cuatro años de su vida a ampliar la obra de la Sociedad como comunidad internacional.
Los biógrafos de Filipina Duchesne han acentuado su valor en situaciones de pionera, su fidelidad a una única idea, sueño de su vida: servir los indios, su aceptación de si misma, y su actitud contemplativa.

Canonización
Beatificada el 12 de mayo de 1940, fue canonizada por el Papa Juan Pablo II en Roma el 3 julio de 1988. Se celebra su fiesta el 18 de noviembre, día de su nacimiento a la vida eterna.